sábado, 24 de septiembre de 2016

Vivir entre contrastes



La verdad es que ya hace tiempo que no escribo y en este caso ha sido por varios motivos: la falta de tiempo fue uno de ellos, ya que el verano me absorbió un poco, hubo un poquito de apatía y el gran motivo fue la poca capacidad física para hacerlo. Y de esto último es de lo que me apetece hablar hoy.
Ayer finalizaba un libro, Un naufrago en Albión, en el que el protagonista emprende un viaje "a lo desesperado" y su primer instinto en el aeropuerto fue comprarse una libreta, la cual le acompaña como un diario, durante todas sus aventuras y desventuras. Pero  fue un párrafo casi al final del libro en el que el protagonista dice: 
"Si no fuera por lo que escribo en esta libreta, me habría vuelto paranoico hace ya algún tiempo. Hablar con uno mismo es algo que raramente hacemos, aunque no creo que haya algo más enriquecedor. Ya que es una manera de no pasar de puntillas por todo lo que te rodea, y conseguir que cada día enriquezca a tu persona. Reconozco que a veces puedo parecer un buda extraviado, pero tan solo intento evitar que todos los pensamientos, que amenazan con tomar el control, se salgan con la suya....."
Esto es lo que me ha hecho pensar que tal vez no estaría mal dejar salir todo lo que mi cabeza contiene, ¿porque no usar el blog de diario como el protagonista del libro? Aunque en otro tiempo, en otro blog, alguién me indicó que exponía mucho de mí, ahora me apetece hacerlo, vuelvo a tener ganas de "escupir" todo lo que mi mente rumía.

Estos meses han tenido sus sombras, sus tonalidades grises, de un día para otro me encontré con que había perdido la vista de un ojo, y ahí es donde empieza el paseo de médicos, ingreso en hospital,...y es cuando llegan las hipótesis porque realmente no se sabe aún cual es el motivo y ahí es donde empieza el temor, a lo desconocido, a lo que está pasando, al nombre que le empiezan a poner a lo que podría ser, temor, mucho temor, que contrasta con la sonrisa y la buena cara que intentas poner para que los demás no se preocupen por ti. (Sigo sin entender porque tengo en mis genes la manía de desdramatizar lo que me pasa, como si yo pudiera preocuparme por todo el mundo pero no permito  que nadie lo haga por mi, como si yo no lo mereciese).
Y dentro de estos grises también encuentras el color, la luz que te proporciona arco iris maravillosos, como es el calor y cariño de la gente que te quiere. Pero también la esperanza y el optimismo. Esperanza de que el diagnostico al final sea bueno y todo esto quede en un mal trago. Y optimismo que quizás pueda parecer el más difícil, para que aunque al final el diagnostico no sea el deseado, ayude a afrontar todo lo que pueda venir y lo que quede por delante. Ayudado todo ello por un poquito de valentía que me pudiera hacer falta.

Durante estos meses me he dado cuenta de cosas que antes te pasan desapercibidas y aunque suene muy tópico, pero no por ello deja de ser tan cierto, empiezas a apreciar y valorar de maneras distintas muchas de esas cosas. Una de esas cosas que aprecio mucho más es el sentido de la vista, como miope ya lo hacía, pero esto ha sido realmente distinto, quizás sea uno de los sentidos más importantes, ya que desde mi apreciación personal creo que sería el que más me afectaría perder. Esto por supuesto sería discutible y entraría en debate....
Este es un video que me encontré de rebote en la red y que trata precisamente este tema.



"Ralph Waldo Emerson preguntó una vez qué haríamos si las estrellas sólo salieran una vez cada miles de años. Nadie dormiría esa noche, por supuesto. Estaríamos estáticos, delirantes, entusiasmados por la Gloria del cielo. En vez de ello, las estrellas salen cada noche, y nosotros vemos la televisión."

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